Beatificación del P. Tiburcio Arnaiz Muñoz (1865-1926) SJ en Málaga... (Texto em espanhol e português)

Queridos hermanos:

La Compañía de Jesús vivirá con alegría el próximo 20 de octubre la beatificación en Málaga (España) del P. Tiburcio Arnaiz Muñoz, benemérito representante de las misiones populares e impulsor de la participación de los seglares en la difusión de la fe.

El nuevo beato nació el 11/AGO/1865 en Valladolid (España). A los 13 años entró en el Seminario Menor de esta diócesis, recibiendo a los 25 la ordenación sacerdotal. Tras haber sido enviado a diversos pueblos en las provincias de Valladolid y Ávila, se doctoró en Teología en Toledo en 1896. 

En 1902, fallecida su madre, llama a las puertas del noviciado de Granada para cumplir su deseo de ser jesuita. Durante los años siguientes a sus votos se queda en Granada estudiando humanidades, filosofía y teología, al tiempo que comienza a dirigir tandas de Ejercicios espirituales y se adiestra en las misiones populares. En 1909 marcha a Murcia, donde colabora durante dos años en varias actividades pastorales. Hace la Tercera Probación en Loyola entre 1911 y 1912, año en el que pronuncia los últimos votos en Málaga, ciudad en la que permanecerá casi todo el resto de su vida.

Como sus contemporáneos San José María Rubio y el Venerable Francisco de Paula Tarín, el P. Arnaiz es un incansable evangelizador de buena parte de España, usando, entre otros instrumentos apostólicos, las misiones populares. Su apostolado se centra sobre todo en Andalucía y, más en concreto, en la provincia de Málaga, en zonas rurales y urbanas, en las que dejó siempre su original impronta.

En los suburbios de Málaga, en los llamados “corralones”, casas de vecinos con un patio común, organizó eficazmente para quienes allí malvivían, un sistema de promoción cultural y de catequesis. En esta iniciativa contó desde el principio con la ayuda desinteresada de maestras y otras jóvenes de la capital malagueña.

En 1921 conoció a una de estas jóvenes, María Isabel González del Valle Sarandeses (1889-1937), que estaba decidida a marchar como misionera a alguna región lejana. Arnaiz le propone permanecer en el sur de España, y un año más tarde funda con ella una asociación de seglares consagradas dedicadas a la evangelización de las zonas pobres del campo, la “Obra de las Misioneras de las Doctrinas Rurales”. Este grupo de consagradas sigue siendo hoy un testimonio vivo, por medio de las llamadas “doctrinas”, por las que se hacen presentes en pueblos necesitados, en los que ofrecen formación cultural y conocimiento de la fe cristiana, siempre acompañadas de colaboradores y voluntarios.

Desde la residencia de la Compañía en Málaga, el P. Arnaiz no dejaba de dar Ejerciciosde ofrecer dirección espiritual, de atender al Seminario Diocesano, y de promover la Congregación Mariana, el Apostolado de la Oración, la Adoración Nocturna o las Conferencias de San Vicente de Paúl. Su corazón le llevaba una y otra vez a visitar a los presos en la cárcel y a enfermos en sus casas y en los hospitales. Los malagueños lo veían frecuentemente atender a los niños de la calle, acudir a su confesionario en nuestra iglesia o salir a dar misiones populares. 

Convencido de la urgencia de difundir la educación, impulsó la creación de escuelas, la fundación de una librería católica, un sistema de recogida de medicinas y la construcción de casas de acogida para personas menesterosas. Su actividad incesante le llevaba a decir al final de su vida: “Me he dado prisa en vivir, he trabajado cuanto he podido, ya me recogerá el Señor”.

El P. Tiburcio Arnaiz fue un jesuita de recia y honda espiritualidad, bien arraigada en el Corazón de Jesús. Confiando sólo en Dios, tras la muerte de su madre declaró con inquebrantable convencimiento: “Ya no se me vuelve a morir a mí nadie, porque voy a morir yo a todo lo que no sea Dios”. En efecto, olvidándose de sí mismo, buscaba los intereses de Jesucristo –tal como reconoce el lema de su beatificación- mirando sin descanso a las necesidades de los pobres. Permanente fuente de compañía y de consuelo fue para él la Virgen María.

A su muerte, Málaga se volcó en el entierro de quien reconocería después como apóstol de la ciudad. Si ya había adquirido fama de santidad en vida, el P. Arnaiz sigue atrayendo en nuestros días las constantes visitas de fieles de toda condición social a su tumba en la iglesia del Sagrado Corazón en el centro de la ciudad. Con razón, el entonces obispo de Málaga y posteriormente santo, D. Manuel González, se quejaba en la oración fúnebre de su entierro: “¿Qué haces, Jesús mío (...)? ¿Cómo quieres que lleve la carga que has impuesto sobre mis débiles hombros, si me privas de los mejores operarios de esta viña?”. Y, a continuación, animaba a los jesuitas, religiosos, sacerdotes y laicos a imitar al P. Arnaiz.

En nuestros días es mucho lo que podemos aprender de lo que él hacía en su tiempo, dando así pleno sentido al quehacer de operario, que tantos jesuitas ostentan con orgullo. En modos adaptados a los contextos actuales, pueden ser puestas en práctica varias de las ricas cualidades del P. Arnaiz: su prontitud para detectar y atender urgencias estructurales, su enérgica determinación para emprender nuevas obras y perseverar en ellas, su hábil capacidad de atraer y juntar a personas de distinto origen social para socorrer a los pobres, su admirable fortaleza a la hora de afrontar las contrariedades, su valiente afán evangelizador incluso en épocas y circunstancias difíciles, su convencida confianza en la providencia, su firme amor personal a Jesucristo, o su amistad, generosidad y afabilidad con toda clase de gente.

Demos gracias a Dios por el regalo de este nuevo beato para la Iglesia, y pidamos a María, Reina de la Compañía de Jesús, que nos ponga con su Hijo y nos acompañe en nuestro camino del servicio a todos y, en especial, a los más necesitados.

En unión de oraciones, un saludo afectuoso,

Roma, 11 de octubre de 2018

Arturo Sosa, S.I.
Superior General

Em Português
O cardeal Giovanni Becciu, prefeito da Congregação das Causas dos Santos, presidiu em nome do Papa na manhã deste sábado em Málaga, Espanha, à Santa Missa de Beatificação do sacerdote professo da Companhia de Jesus, Tibúrcio Arnáiz Muñoz.

O Pe. Tibúrcio nasceu em Valladolid, em 11/AGO/1865. Foi ordenado sacerdote naquela diocese, em 20/ABR/1890. Durante três anos, trabalhou como pároco nas cidades espanholas de Duero e Ávila e concluiu o doutorado em Teologia na Diocese de Toledo, em 1896.

Com o falecimento da sua mãe, ele e sua irmã Gregória, decidiram dedicar-se à vida religiosa. Desta forma, ele entrou para a Companhia de Jesus, em Granada, e ela para um Convento Dominicano.
Depois de dois anos de Noviciado, o jovem concluiu seus estudos em Filosofia e Teologia e começou a pregar Exercícios Espirituais a sacerdotes e missões populares nas cidades vizinhas de Granada.
Em 1911, na cidade de Loyola, frequentou a Terceira Provação - um semestre de oração e estudos das Constituições da Companhia de Jesus, em preparação aos Votos Perpétuos.
Em 1912, em Málaga, exerceu seu apostolado por 14 anos consecutivos, dedicando-se à direção espiritual dos fiéis e à difusão da devoção ao Coração de Jesus; visitava os doentes nos hospitais e os presos nos cárceres.
Entre as suas obras apostólicas mais conhecidas, destaca-se o trabalho com os "Corralones", habitantes de casebres muito pobres da periferia da cidade, onde criou uma pequena escola; mas a obra do Jesuíta chegou até às aldeias e fazendas longínquas, que não conheciam a cultura e a fé cristã. Ali, ele implantou as chamadas "Doutrinas Rurais", ainda hoje lideradas por um grupo de mulheres.
Acometido por uma forte pneumonia, Padre Tibúrcio Muñoz Arnáiz faleceu em Málaga em 18/JUL/1926, onde é muito venerado pelos fiéis.

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